sábado, agosto 14, 2010

Instrucciones para tender una cama

Reivindicada como lo fue en nuestro Domingo pasado, digamos ahora que el trato a la cama denota el sentido y la forma del propio trato que su propietario se concede a sí mismo y aquello que genéricamente llamamos “su vida”.

Si las abuelas certeramente señalan que en el cuidado de los zapatos se advierte el cuidado de las personas, los nietos bien podemos ahora afirmar que en el cuidado de la cama se advierte no sólo el cuidado de las personas, sino también y sobre todo, el cuidado de su vida. Una cama eternamente destendida y maltratada, contrastará siempre con una cama bien tendida y bien tratada, tanto como las personalidades de quienes en ella habitan. También lo harán los materiales, estilos, diseños y, desde luego, los cuidados de la así llamada “ropa de cama”. No son lo mismo unas sábanas de franela, de algodón, de lino o de plano de seda, como no lo son aquellas que estampadas están (y desde luego los motivos con que lo son) que aquellas que con sólo un color se distinguen (y desde luego qué color y con qué intensidad).

En el extremo estamos hablando de lo que las personas piensan de sí mismas, de su vida y de cómo quieren y pueden vivirlas: con migajas de comida o sin ellas; con libertad de movimiento absoluto o con la sujeción y aparente protección que brindan unas sábanas metidas entre el colchón y su base; con almohadas o sin ellas; con ropa de cama para arrimarse con ella con ropa de dormir, o sin ella; con acompañante o sin ella. Las camas son, por eso, como la vida misma: diversas, impredecibles y, al final, inasibles.

Sea como fuere y en señal de la propia visión de su mundo dorminguero, aquí se parte de la convicción de que la cama merece un trato respetuoso y adecuado. Y que para ello, indispensable es procurar tenderla correctamente, aún asumiendo que imposible es determinar de manera universal semejante corrección. De allí que ahora y en la siguiente entrega nos propongamos ofrecemos a usted, amable y descansado lector, algunas instrucciones básicas para tender correctamente una cama, hasta donde lo correcto –insistimos- pueda promulgarse.

Antes que nada, cerciórese que cuenta usted con todo el instrumental necesario. Éste suele consistir en, desde luego, la susodicha cama; un juego de sábanas; fundas para almohadas y cojines; las propias almohadas y cojines, y; las cobijas o edredones, en su caso. Algunas veces, el instrumental incorpora al famoso rodacamas que es lo más difícil de colocar, pues supone la misión siempre terrible de levantar el colchón para situarlo sobre la base o “box spring”.

Después, cerciórese también de que sea el instrumental adecuado para su reivindicada cama, pues las hay de tamaño individual, matrimonial, “queen” y “king size”. Nada más desesperante que intentar tender una cama con la ropa que no le corresponde.

Una vez cierto de que cuenta con el instrumental necesario y adecuado, colóquese justo frente a su cama. Sitúese en el centro preciso de la base. Verá que su cama tiene usualmente una forma rectangular y por lo tanto: simétrica. Pero incluso si fuera redonda, podrá usted encontrar el meridiano que distingue el lado derecho del izquierdo. Si usted duerme acompañado, habrá ya conocido la importancia de delimitar los lados de la cama, pues ello supone el arreglo básico de la vida en pareja.

Identificado el meridiano de la cama, proceda a colocar la sábana base que va sujeta al colchón. Procure siempre hacerse de sábanas base que tengan un elástico en las orillas. Ello le garantiza la indispensable y adecuada correspondencia de la sábana con el área delimitada por la superficie del colchón, así como su sujeción al tendido original. Éste es un tema central de nuestras instrucciones y la garantía de que sus sábanas no agredirán la dignidad de su cama, intentando escapar a la determinación de su volumen y área espacial, ni usted quedará expuesto peligro de quedar enredado o ahorcado sin mérito ni gracia.

Resuelto el punto anterior, proceda a colocar las sábanas superiores y las cobijas. Coloque tantas cobijas como frío haga en su lugar de residencia o intensidad tenga su carácter de persona friolenta, si es que el calificativo aplica. En este punto, tenga en mente que hay sábanas de franela que le ayudan a aliviar el frío extremo. Por favor, no recurra nunca a los calcetines y menos a las calcetas deportivas para enfrentar el frío: sólo logrará impedir la sana respiración de su cuerpo y agredir las buenas ganas de abrazarlo que deberá tener su compañía. En regiones de calor agónico, unas sábanas de algón y en extremo ligeras serán suficientes. En esos casos, el regaderazo desesperado sólo ayuda a podrir sus almohadas, y a darle dolor de cabeza a usted y gripa a su pareja, debido a la preeminencia del cabello mojado. Evítelo.

Las sábanas y cobijas deberán colocarse con el mismo principio geométrico: los extremos de un lado y de otro deberán tener una distancia equidistante entre sí y la superficie del colchón. Es decir, deberán estar igualmente largos los tramos que cuelgan del lado derecho que del izquierdo. Razón distinta aplica para los extremos superior (donde usualmente va la cabeza) y el inferior (donde usualmente van los píes) de la sábana y cobijas. En este segundo caso, la parte inferior es la que deberá colgar en un largo suficiente para en su caso, ser cómodamente dispuesta entre el colchón y la base de la cama. La parte superior, en cambio, deberá disponer de un tramo adecuado para ser posteriormente doblado con el objeto de conformar una reserva de sábana que usted podrá desdoblar a la hora de acurrucarse y dormir, y que es la que le da forma de “sobre” al tendido de la cama.

A continuación, usted deberá decidir si le gusta dormir con las sábanas metidas entre el colchón y la base o si, por el contrario, las prefiere sueltas. Esta no es una discusión menor, pues admite todas las lecturas y combinaciones posibles. Por ejemplo, mi hija Natalia prefiere las sábanas metidas, pero requiere de una holgura suficiente para sacar uno de ses piecitos y así, según ella, respirar por los pies mientras duerme. A mí, en cambio, no me parece que ésta sea una discusión de supervivencia para evitar la asfixia porque los píes no respiren, sino un verdadero dilema filosófico-afectivo que nos remite a nuestros conceptos de libertad, orden y cobijo.

Una vez establecida su preferencia, proceda a incorporar sábanas y cobijas en la ranura establecida entre el colchón y la base de la cama. Si usted quiere la sábana y las cobijas sin sujetar, pues no las meta en la ranura.

Hecho lo anterior, disponga usted el edredón, colcha o sobrecama encima del instrumental precedente. Observe que, salvo en los casos de “doble vista”, los edredones, las colchas y las sobrecamas suelen tener un lado de vista exterior y otro interior. Pocas cosas tan penosas como una colcha con la etiqueta de fuera. Esta disposición también aplica para el caso de las sábanas, algunas de las cuales incluso tienen estampados y hasta holancitos para indicar cuál es el “lado de arriba” y cuál el “lado de abajo”.

Una vez que haya usted dispuesto al rodacama, las sábanas, las cobijas y las colchas o edredones, podrá proceder a colocar cojines o cualquier figura de ornamento de su preferida variedad. Ese será el toque final y exlcusivo de su experiencia mística de reindicar su gozo por la vida a través de su cama bien tendida. Enhorabuena.

(Dormingo publicado en la ediciones impresas de Cambio de Michoacán los días del 8 y 15 de agosto del 2010)