domingo, octubre 19, 2008

Bestia herida, animal sagrado (dormingo)

Hazlo ya. Piensas que no puedes, sabes que no quieres, pero tienes que hacerlo. Estás en un estado alterado de conciencia difusa. Tampoco la carne ni la materialidad del cuerpo responde con acierto ni concierto. Hay algo etéreo dentro de ti. Se llama cabeza. Y no está dentro de ti: está sobre de ti, si es que hay algo sobre de ti que no sea esta sensación de plasma encefálico distorsionante, como mareo interior justo contra el eje de la verticalidad de la conciencia, por debajo de tu línea de flotación, como mareo de astronauta extraviado en grave mundo sin gravedad. Grave como estás ahora tú, si es que estás.

El mundo y la existencia se han vuelto una noción incierta, una sustancia licuada y viscosa, viciosa y viciada que no permite ser asida, sujeta, sometible. Todo está dislocado dentro de la escasa conciencia del día y su intensa y fulminante luz. No quieres, no sabes cómo, pero debes hacerlo y hacerlo ya. Debes levantarte, abandonar esa cama caliente, calurosa, exhausta. Debes enfrentar la vida y sus más siniestros desafíos. Es dormingo y estás crudo.

Dicen los científicos que tienes un cuadro agudo de deshidratación. Dicen los expertos, como el entrañable Biólogo y Beisbolista Hernández, que en realidad estás en una condición extraordinaria de tu naturaleza: ya no eres un hombre, eres una bestia herida, un animal sagrado.

Pero la vida sigue y debes seguirla. Así que tomas valor y te levantas. Es hora de buscar la salvación y de cargar sobre tus hombros con ese globo de cantoya, vacío, gaseoso y caliente, en que convertiste a tu cabeza, si es que tienes, si es que todavía tienes, pues a ciencia cierta que lo dudas.

Hay que buscar remedio. Mas allá y más acá de inventos quimicofarmacobiológicos está la tradición, mucho más efectiva. Pero recuerda que no eres europeo, así que evita (por-el-amor-de-Dios) ir en pos de un chocolate con churros o un “hot cake” con miel maple. Busca la cebada preparada. Siempre hay una enlatada o envasada –o debe haberla- en el refrigerador. Si tienes clamato, limón, sal, salsa inglesa, jugo magui, salsa tabasco y hielos, prepara de inmediato el brebaje cósmico que te ayudará a aterrizar.

Después, ve en busca de caldo caliente y picoso. Y más cebada preparada. Acude al riesgo digestivo de ingerir la grasa humeante y la excitación corporal del chile, sin albur (o con él, ya da lo mismo). Acaba sin misericordia con la poca flora intestinal que te queda, desafía la elocuencia científica de otras culturas y tradiciones y ve en busca de la mágica señal: cuando te sude la nariz estarás salvado. Seguirás siendo animal sagrado al que no puede hablársele en voz alta ni aturdir con sensaciones a la luz del día, pero habrás sanado a la bestia. Estarás ya en plenitud de un dormingo crudo y al natural.

2 comentarios:

Guillermo Pérez dijo...

ja que vertigo, muy, pero muy bueno, no pude dejar de leerlo

Carlos González Martínez dijo...

Gracias, mi buen Memo, por tu visita y comentario... espero que el disfrute haya ayudado a sanar a la bestia, ja!
Un abrazo
Carlos