sábado, noviembre 01, 2008

Narices (dormingo)

Punta de lanza de nuestra comunicación no verbal, centrando y anticipando nuestro rostro y sus gestos que son, a la vez, el vehículo privilegiado de nuestra expresión y proyección corporal, la nariz se torna objeto y sujeto principal y controversial de nuestras auto pretensiones ideales e idílicas.

Al menos así parece ocurrir en México, donde una de nuestras más prestigiadas empresas encuestadoras nos acaba de informar que “recordando los reportes anteriores podemos ver que los hombres estarían dispuestos a operarse principalmente la nariz, el abdomen y la cara; y las mujeres en orden distinto, el abdomen, la nariz, los pechos y los glúteos, es decir, mientras el hombre busca verse guapo y esbelto, la mujer quiere verse buena y bonita. También reportamos que a los hombres les atraen las piernas, los ojos, la cara, los pechos y las nalgas de sus parejas (con diferencias por regiones y culturas); en cambio a las mujeres les atraen los ojos, la cara, las manos, las nalgas, las piernas y los brazos”. (Cosulta Mitofsky, boletín semanal 280 del 2008).

Vaya, qué curioso: es la nariz uno de los atributos corpóreos que más nos preocupa en nosotros, pero menos nos ocupa en los otros. A similitud expresa del abdomen y a diferencia asumida de los ojos, que nada o casi nada nos preocupa en nosotros (al menos en términos de nuestra apariencia física) y en cambio más nos ocupa en los otros. Por no hablar de las nalgas, que trato aparte y distinguido merecen… por ejemplo de las manos, en las que con tanto afán se fijan las mujeres (por algo será, ja!).

En asunto es que la nariz, ese centro geométrico y radial de nuestra faz, se nos convierte en un punto central de aquello que queremos mostrar a nuestra pareja heterosexual, pero sin darnos cuenta que nuestra contraparte poco repara en ella. Entonces, ¿por qué preocuparnos tanto en una apariencia que los demás no aprecian?

En el centro, pero excéntricas, las narices se nos revelan así como un síntoma más de nuestro hedonismo autocontemplativo. Por lo visto, con las narices vamos por el mundo pretendiendo mostrarnos a los demás, cuando en realidad solo queremos mirarnos a nosotros mismos. Vaya centralidad y excentricidad de un aparatito que yo pensé solo servía para olfatear y seguir tu rastro.

(Adelanto de la columna Dormingo que se publicó el 2 de noviembre en el periódico Cambio de Michoacán, sede electrónica original de este blog. La viñeta del narigón es obra de la célebre diseñadora Ana Lucía Solís, Colibrí)

3 comentarios:

Ale dijo...

Tienes razón, es poca la atención que le prestamos a la nariz del sexo opuesto. Si no es "Ciranesca" no deja huella en la memoria. Sin embargo 2 de mis familiares han aprovechado accidentes y tabiques desviados para, teniendo escusa para estar bajo el visturí, se retocan lo que antes era un pedazo inaperibido de rostro y que hoy es una puntiaguda facción.

Carlos González Martínez dijo...

Cierto, Ale, es la nariz peculiar atributo de nuestra naturaleza. Por eso hay que cuidarla, pues en ella anida el olfato, vehículo privilegiado de la memoria.
Saludos desde Morelia!!!
Carlos

Guillermo Pérez dijo...

Sentido conectado a la parte más primitiva de nuestro cerebro, el olfato, de hecho sin él, no tendríamos gusto al comer, así que es importante pero poco apreciado. Yo también recibí el reporte de Consulta Mitofsky, e igualmente me llamo mucho la atención lo de la nariz, aunque en lo personal no conozco mucha gente interesada en ese asunto, igual no lo comentan abiertamente, porque como dices, es algo mas personal.