martes, septiembre 16, 2008

Frente a los atentados: temple y firmeza


El siniestro ataque del 15 de septiembre es un acto de barbarie y provocación. Los criminales buscan hacer sentir su fuerza, amenazar y amedrentar. Frente a esta afrenta deplorable es preciso desplegar el temple de la sociedad y la firmeza del Estado. No es un juego ni un sueño, siniestra pesadilla; es una realidad que tenemos que afrontar con indignación, sí, pero también y más aún, con eficiencia la sociedad y sus instituciones.

Los vecinos de Morelia y la sociedad mexicana toda no debiésemos paralizarnos de terror, ni caer en la desesperación angustiosa que da lugar a las estampidas furibundas. Necesitamos tomar conciencia de tres cosas:

1) que estamos enfrentando un peligro cierto, real y que se mueve de manera organizada y criminal, del que no somos nosotros el objetivo, pero si las víctimas, el pretexto, el medio para desafiar a los órganos legítimamente represores del Estado;
2) que somos más que los criminales y que incluso somos más que quienes en las policías y los espacios de autoridad se han corrompido o coludido,
3) que podemos organizarnos para defendernos, siempre con firmeza y de manera civilizada, siendo la clave de nuestro éxito la comunicación entre vecinos y comunidades, y el despliegue de nuestras acciones al amparo de la Ley y las instituciones a las que debemos exigir con decisión cumplir su misión y rendir cuentas claras y pronto.

Ése es el temple que hoy y mañana se necesita de la sociedad: temple que significa fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos.

Y junto a ese temple de la sociedad se requiere la firmeza y fuerza de la acción de las instituciones del Estado, a quienes tenemos conferido el monopolio del uso de la fuerza legítima. Técnicamente estamos en una especie de guerra que amenaza la seguridad de la población. La inteligencia y los recursos de arma y fuego deben ser dispuestos sin miramientos al servicio de la sociedad. Así lo mandata la ley y la tutela del bien superior de los derechos humanos: la vida.

Pero el temple y movilización legal de la ciudadanía debe darse junto con el despliegue de la fuerza del Estado: no a pesar, ni enfrentada ni en contra de ella. Son las dos caras de la misma moneda con la que podremos ganar esta guerra y recuperar este país. Con el debido respeto, estos no son momentos de pedir indiscriminadamente la renuncia de nadie. Este es momento de exigir acciones y de no caer en la provocación de minar el sostén popular de gobiernos y autoridades que deben responden con eficiencia y firmeza inéditas. Respaldar a las instituciones, exigir cuentas y fincar responsabilidades a los que aparentan no poder o de plano no pueden con su responsabilidad, son cosas distintas que necesitamos hacer al mismo tiempo pero sin darle armas a los enemigos de esta batalla entre la barbarie y la civilización.

Una última cosa: las granadas explotaron y estallaron en nuestra querida Morelia, pero sus ecos y reminiscencias son nacionales. No es un problema ni una desgracia solo de nuestra localidad, es una afrenta y un desafío nacional. Si lo asumimos así, lo asumiremos bien.

Que descansen en paz las víctimas de nuestra desazón.

7 comentarios:

Ale dijo...

Desde Guaymas, Sonora me uno a su llamado y me solidarizo con nuestros hermanos de Morelia. Demostremos que México está más unido y más fuerte que nunca. Que todas las voces se escuchen. Somos muchos los que exigimos paz. Que Dios les de consuelo a los que esta madrugada perdieron a un ser querido en este cobarde atentado.

Carlos González Martínez dijo...

Gracias, Ale, por tu comentario. He visitado tu blog y dejado también un comentario en tu texto solidario sobre el siniestro atentado de ayer noche. Un abrazo con la convicción compartida por un México en paz, justicia y concordia.
Carlos

Anónimo dijo...

Con el dolor de ver quebrantada nuestra querida ciudad, con un nudo en la garganta por el dolor de quienes perdieron un ser querido, clamamos justicia, la población civil, la que vive en el día a día de su trabajo, de un salario minimo, nos preguntamos por qué, por qué nosotros, por qué Morelia.

Sara Elena

Carlos González Martínez dijo...

Sarita:
Tu claridad, vehemencia y clamor son insuperables. Solo quiero decirte y decirle a todos que, como tantas veces, estoy completamente de acuerdo contigo: debemos clamar justicia.
Y creo que ese clamor debe ser también para nosotros mismos como personas y como sociedad. Es preciso que nos organicemos. Por lo pronto, debemos hablar con nuestros vecinos, reunirnos, conocernos, compartir nuestros teléfonos y convenir la forma de protegernos entre todos. Al tiempo que exijamos con vigor que las autoridades cumplan con su función.
Te mando un abrazo fraterno.
Carlos

E dijo...

Carlos querido, creo que también clamamos por confianza.

Carlos González Martínez dijo...

Tienes toda la razón , querida Elizabeth: clamamos por confianza. El problema es que la confianza se construye con hechos, no palabras. Y todavía estamos esperando que nos contesten con hecho, no con palabras.
¿o no?
Carlos

E dijo...

Exacto... y hechos debe haber también de nuestra parte, Confianza entre nosotros mismos, nosotras mismas.

salud! y mañana inicio identidades. te invito a las 11 de la mañana en el Auditorio Luis Sahagún de la casa de la Cultura
un abrazo
E