miércoles, agosto 20, 2008

Inseguridad e impunidad


Nuestro problema no es la inseguridad, es la impunidad. Obviamente, la inseguridad es uno de los más grandes problemas nacionales. Nadie le puede quitar importancia ni dramatismo. Pero la inseguridad es sólo la manifestación, el síntoma, de otro mal peor: la impunidad. La inseguridad está en la superficie, la impunidad en el fondo, en la raíz.

Llama la atención cómo la inseguridad y más concretamente el tema de los secuestros ha tomado tanta relevancia en el debate público nacional, al grado que después de varios años vuelve a reunirse el Consejo Nacional de Seguridad al que concurren los tres poderes del Estado Mexicano y los 32 gobiernos locales de la Federación. La Cumbre de Cumbres.

¿El detonante? El secuestro y atroz asesinato de un chaval de 14 años, hijo de una de las familias económicamente mas poderosas del país. Ese siniestro, deplorable, inaceptable suceso, pero también la amenaza de las elites económicas nacionales de volver a movilizarse y, sobre todo, de convocar a movilizarse a cientos de miles de personas que legítimamente habrían (habríamos) de manifestar su descontento, angustia y desasosiego en la ciudad capital de la República y ahora también en algunas otras de las principales urbes mexicanas exigiendo respuesta y acciones a los gobiernos.

Qué bueno que haya exigencia y movilización ciudadana. Qué malo que se quedara en la superficie, en los síntomas y no vaya, no quiera o no pueda ir al fondo del asunto: la impunidad que corroe a un régimen corrupto que gobierna para y en una sociedad desigual y apática.

Los que secuestran y asesinan son criminales y deben pagar por sus acciones (también lo son los que gobiernan, legislan y juzgan sin justicia). Nada justifica su actuar y nada justifica que quede impune. Muchos de ellos tienen desde hace años y crímenes pasados, su vida resuelta económicamente hablando. No es la pobreza la que se vierte en la violencia. No en esta violencia. Es la impunidad que la permite y, por tanto, alienta.

La impunidad como hija putativa de la corrupción. La impunidad como mal de un país que un día decidió aceptar la injusticia y el ejercicio de la ley supeditada a los intereses de los poderosos, sean del signo político o económico que sean, hasta que el monstruo comenzó a atacar a sus dueños.

Ése es nuestro real problema: la desigualdad y la injusticia de un país cuya sociedad corrupta no se respeta a sí misma, que se miente a sí misma, que se hiere lacerando a sus hijos, sobre todo a los más desvalidos, sin que nadie haga nada. Nada hasta que un día se tocan fibras que no debían ser tocadas, que para eso se instauró el reino de la corrupción y la impunidad entre nosotros.

Qué bueno que haya exigencia y movilización ciudadana. Ojalá se enderece hacia el problema y no a solo a sus síntomas.

2 comentarios:

Alvaro Arce Fernández dijo...

Inseguridad e impunidad

Estimado Carlos:

Te asiste, como casi siempre; la razón. Sin embargo creo que la inseguridad, la impunidad y la corrupción no son prácticas que se den en el “aire” sino que tienen manifestaciones concretas al interior de los miles de aparatos burocráticos que conforman toda la estructura gubernamental.

El señor Martí fue muy claro “si no pueden dejen el cargo, no cobren por hacer nada que también es corrupción”. Se requiere no solo que dejen el cargo a secas, lo que en realidad nos está diciendo don Alejandro es que nos convirtamos en otras personas, que hagamos otras cosas, que construyamos otro país, otra forma de gobernar, que edifiquemos otra sociedad, que hablemos claro (es lo mas decente) o sea, diseñar otro paradigma. Que difícil es construir una utopía, pero es posible.

Enfrentar la inseguridad, la impunidad y la corrupción requiere de un gobierno inteligente, con vocación de servicio, orientado a la ciudadanía, que cobre menos y haga mas.
El desafío para la clase política mexicana está sobre la mesa, ojala hagan mas, pero mucho mas, que aplaudir.

Carlos González Martínez dijo...

Mi buen Álvaro: te asiste, como siempre, la razón.
Pero me temo que no es solo un problema de los "miles de aparatos burocráticos que conforman toda la estructura gubernamental". Si fuera así el problema sería sencillo. El asunto es, como bien dices, de la sociedad, de la falta de una ciudadanía plena y efectiva.
El desafío es para la clase política, cierto, pero antes es para todos nosotros, el pueblo.
Cierto: es difícil construir la utopía, pero es posible. Tus palabras y acciones son una muy buena contribución.
Un abrazo fraterno,
Carlos